Consideraciones a saber sobre Bodas en playa



(por el presidente Loubet), que salvó a Francia. Seis abriles posteriormente (julio 1910), tomaba posesión, como embajador, en Madrid. Cambio radical: país desmoralizado, sociedad atrasada, hacienda exhausta, política caciquil, corte habsbúrgica, Gobierno presidido por un modélico socialdemócrata pero aislado (Canalejas), ejército proalemán y un señorita rey con ganas de cambiarlo todo para situar su país al nivel de las grandes potencias. Si esa España germanófila y orgullosa obedecía las consignas austroalemanas para constituir un reino ibero a costas del Portugal republicano y, en cuanto Alemania atacase a Francia, movilizaba sus tropas cerca de los Pirineos, el hexágono caería guillotinado.

Opciones, una sola: el reparto franco-castellano de Marruecos. En dos abriles pudo firmar esa segunda salvación de Francia. En 1917, difunta la Rusia zarista, amotinado el ejército francés y desbandado el italiano, España volvió a hallarse tentada por la guerra. Ese siniestro trampa agresivo (Berlín-Viena) lo apartó Geoffray, pero Clemenceau no lo estimó suffisant

Una educación conventualista y materno-proteccionista asfixió su infancia y desenfocó su concepción de la verdad. Siempre estuvo en error de un padre formador. Tras ser coronado rey (mayo de 1902) con diecisiete primaveras, tan prematura prudencia mostró inequívocos signos de adolescencia

en Rabat y otras en Fez, Marraquech y Mequinez, sin perturbar sus medinas. En agosto de 1914 ignora los telegramas de un París aterrado, que le exige que abandone el interior.

Herido dos veces, funda un diario de asedio y supervivencia. El Militar Orgaz lo escoge como ayudante. Ingresa en la Escuela Superior del Ejército —de la que será conocido profesor principal— y asciende a Caudillo de brigada. Lo nombran delegado de Asuntos Indígenas en Marruecos. En 1948, siendo divisionario, Varela lo designa delegado general de la Alta Comisaría. Al caer enfermo Varela, asume el mando breve. Su quinto vértice se expande. Y la nave protectoral, por él pilotada, sale a mar libre, capea temporales y retorna a Tetuán, donde larga anclas. Llega García-Valiño. Le entrega el guion y a casa. Su último vértice se cierra.

Pétain llegaba para comprobar cuánto de certeza y vigor podía darse en una alianza que pusiera fin a la sublevación rifeña. Descubrió que los españoles tenían fe al creer en un plan audaz: desembarcar en Alhucemas. En febrero de 1939 presentaba sus credenciales, en Burgos, al caudillo

La mole tiene tres dueños: en la cima, los españoles allí sitiados; en la cara de Levante, el ejército que los socorre y tributa, semana tras semana, con listas de bajas en aumento; en la prisma oculta, que solo los aviadores españoles pueden ver, una enredadera de harcas rifeñTriunfador sube hasta media montaña, pasa a la cara españonda, se mimetiza con rocas y sombras y, llegado el convoy, lo atrapa y devora. El 4 de junio de 1923, Valenzuela acento, en Taffersit, frente a tres de sus Banderas. Cargado de espaldas y de ira por tantas displicencias palatinas, su rostro ojeroso y mirar encendido se transforman cuando exige a los suyos: “¡Mañana entrará el convoy o moriremos todos, porque nuestra raza no ha muerto aún!”. El martes 5, alineadas las filas legionarias, tremolará ante ellas su gorrillo de vanguardia. Y tras ese banderín de pelea salieron cuantos se sentían iguales a él. Cincuenta murieron por defender su fallecido.

Por la defensa de su Pueblo antillana recibe tres cruces rojas del Mérito Marcial. En 1909 prueba, en el Barranco del Lobo, sus dotes de mando en presencia de otro desastre. Ascendido a teniente coronel de Estado Viejo, cuerpo al que pertenecía desde 1895, alterna destinos en Larache y Melilla. Fascinado por el mundo marroquí, aprende sus lenguas y profundiza en su pasado. Sus publicaciones lo convierten en cronista de Melilla y, en 1918, purista de la Historia. Coronel jefe de la Policía Indígena, confirma en ella su pedagogía como líder de guerreros y protector de sus familias. Con Silvestre al mando, su esfuerzo esta reseña aquí educativo y asistencial se extiende. Su prestigio entre las cabilas facilita osados avances que, sin él, hubiesen derivado en cruentos combates. Silvestre firma su promoción (febrero de 1921) al rango de brigadier.

Las gentes están encantadas frente a el espectáculo. Ignoran que es el último aviso antes de una conflicto civil. El rey cede. No tiene ejército, sí miles de partidarios. El 25 de febrero, en un discurso radiado, rinde “homenaje a la bordado de Francia” y a su propio Gobierno, con énfasis, le exige

; la segunda, cabeza de una diplomacia internacionalista culta, presunciónísta, prosaica y cínica, en apariencia “versátil”, pero en la praxis absolutamente inamovible— le aportaron serias dudas, que creyó aventajar con la amplitud de horizontes que le eran ofrecidos y su empeño requería: rescatar la independencia nacional perdida en 1912 y reunificar ambas zonas protectorales en una única Estado marroquí.

Repetidas veces ministro con Sagasta y Montero Ríos, la caída del Gobierno Moret, en febrero de 1910, lo llevó a la presidencia del Consejo. No dudó en aplicar enérgicas medidas de higiene

Fue secretario Militar adjunto de Naciones Unidades desde 1969 a 1983. En el ejercicio de su cargo ayudó cuanto pudo al birmano U Thant, y fue gran amigo de Kurt Waldheim y de Javier Pérez de Cuéllar. En 1975 le tocó padecer los ruegos

De Marruecos llegan noticias contradictorias, no porque unas sean espantosas y otras gratificantes, sino porque lo impensable sea que ambas se produzcan, con poca diferencia y en lugares no tan separados de lo que debería su reino: todo Marruecos.

Franco quiere en Tetuán jefes con prestigio y autoridad pudoroso. García-Valiño atesora ambos créditos, a la idéntico que manda sobre el mejor ejército del mundo africano, fiel y alertado. Esta realidad sociomilitar desarma la justificada irritación de consecutivos residentes de Francia (Guilllaume, Lacoste, Grandval, Boyer de Latour, Dubois) en Rabat ante el hecho de que las guerrillas marroquíes se refugiasen y aprovisionaran en la zona protectoral española. Aparición la hora de otras verdades —el clamor independentista en Marruecos, la soledad diplomática de España— dicta las disposiciones del repliegue y vuelve a la País. Serenamente crítico con Franco, hará pública su disidencia con el dictador por la postura de este en presencia de el Sáhara Occidental.

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